A mi gran amigo Teobaldo

A MI GRAN AMIGO TEOBALDO

por: Fernando Ugalde


Como dice el poeta:

Al brillar un relámpago nacemos
y aún dura su fulgor cuando morimos;
¡tan corto es el vivir!

El vivir de Teobaldo ha sido largo y fecundo, pero a sus amigos se nos ha hecho ¡tan corto!. Doy gracias a Dios por el gran regalo de la amistad de Teobaldo, mi gran amigo. Cuesta su partida, mucho, y salen las lágrimas, porque los hombres también lloramos. Y pasará el tiempo, los años, y al recordar los magníficos ratos vividos juntos, la emoción tomará rienda suelta de nuevo. Es lógico, y debe ser así; somos humanos y tenemos un corazón de carne, no de piedra, yo al menos. Y Teobaldo lo sabe. Y digo “lo sabe” porque tengo la certeza de que desde el cielo me mira, nos mira. Creo que Dios, que es un padre bueno, le ha regalado un cielo muy grande, a la medida de su corazón. ¡Qué bonito ejemplo, qué gran ejemplo me has dado a lo largo de estos años! Sé que estás frases no te gustan, y menos dichas en alto, pero es justo y merecido que las diga, no sería un buen amigo si me las callara.

Teobaldo Samaniego
Teobaldo y Cira, toda una vida juntos recorriendo el mismo camino.

No quiero, no debo extenderme más, resulta escaso todo lo que se puede decir en un largo escrito; éste no es ninguna despedida, es un paupérrimo reconocimiento a toda esa generosidad de la que he sido objeto, y conmigo mucha gente. No es un adiós, es un “chao, chao, hasta pronto”, porque sigues estando ahí. A mi la fe me dice que hay otra vida, junto a Dios, con Él están nuestros seres queridos; si aquí fuimos amigos, ¡cuánto más ahora!, ¡qué desvelos nos procurarás ahora!, a tu familia, atus amigos. Desde ahí nos ayudarás más aún. Somos unos afortunados. Pero estamos muy desconsolados, y yo esta pena no deseo que se pierda nunca, es dura y amable a la vez, fruto de esa gran amistad que nos une. ¿Qué pensarás ahora desde ahí arriba?; ya lo sé, que no lloremos, que donde estás no hay palabras para describirlo. Y así es. Lloro tu ausencia, y río, al verte ya feliz, en el cielo, acompañado de la Virgen, de aquella Virgen Begoña.